1.300 millones de seres humanos fuman habitualmente, 8 millones sacrifican su vida anualmente por esa causa y lo peor es que 1´200.000 de ellos ni siquiera fumaban. Ese patrón autodestructivo en el que no importa si con ello sacrificamos a otros, parece repetirse en la pandemia del Covid19, en la permanente violencia, en el desenfrenado consumismo o en la acelerada destrucción del hábitat que nos permite la vida. No tiene sentido sacrificar la propia vida y la de otros, a cambio de una transitoria sensación de placer.