Así como el cilantro y el perejil son tan parecidos pero diferentes, también nosotros nos parecemos pero tenemos diferencias. Uno de los retos del cristiano es aprender a respetar las diferencias con los demás. La tradición nos enseñó que debemos ser todos iguales, y si alguno es diferente, lo natural es juzgarlo, pero la biblia nos enseña a respetar las diferencias, a no juzgar a los que no hacen lo mismo que nosotros e incluso a considerar que nuestra libertad debe acotarse con el amor por nuestros hermanos en la fe.