Mi Primer Paseo Sobre Ruedas

Cindy Rivera Mi Primer Impulso Sobre Ruerdas


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El primer impulso sobre dos ruedas

Recuerdo con claridad el día en que mi mamá me enseñó a montar bicicleta, un momento que marcó profundamente mi niñez. Siempre veía a otros niños en el parque conduciendo sus bicicletas con facilidad, y aunque sentía mucha curiosidad, también me daba miedo caerme. Mi mamá, siempre paciente y comprensiva, decidió que era el instante perfecto para que yo también aprendiera. Esa jornada estábamos solo las dos, y ella estaba decidida a ayudarme a superar mi temor y a enseñarme algo que no solo me daría independencia, sino también confianza en mí misma.

Era una tarde cálida de verano cuando llegamos al parque. El sol brillaba en lo alto y, aunque estaba nerviosa, me entusiasmaba la idea de poder andar en bicicleta como los demás. Mi mamá me mostró cómo subirme, cómo sujetar el manillar y, sobre todo, cómo mantener el equilibrio. Con su voz suave y firme, me recordaba que no me preocupara por caerme, que ella estaría allí, sosteniéndome. Durante los primeros intentos, me sentía insegura y tambaleaba, pero su presencia constante y sus palabras de aliento me motivaban a seguir intentándolo.

Mi mamá siempre ha sido una mujer fuerte, y ese día lo demostró una vez más. La recuerdo con su gorra favorita, sonriendo mientras sujetaba la bicicleta, asegurándose de que yo me sintiera segura. El parque, con su espacio abierto y sereno, se convirtió en nuestro lugar especial. Cada vez que me tambaleaba, ella estaba allí para evitar que cayera. No solo me estaba enseñando a conducir una bicicleta, sino también a tener paciencia conmigo misma y a no rendirme ante las dificultades.

Después de varios intentos, ocurrió un momento mágico que quedó grabado en mi memoria. Sentí que la bicicleta avanzaba con más firmeza, y cuando miré hacia atrás, me di cuenta de que mi mamá ya no la sostenía. Estaba conduciendo sola, avanzando por mis propios medios. El viento en mi rostro y la sensación de libertad fueron indescriptibles. Giré la cabeza y la vi sonriéndome, con los brazos en alto, celebrando mi pequeño pero significativo logro. Sabía que algo había cambiado ese día; ya no necesitaba tanto apoyo, porque había aprendido a confiar en mí misma.

Finalmente, ocurrió un instante mágico que quedó grabado en mi mente. Mientras pedaleaba, sentí que la bicicleta avanzaba con más estabilidad. En un segundo, miré hacia atrás y me di cuenta de que mi mamá ya no la sostenía. Estaba manejando sola, avanzando por mis propios medios. El viento en mi rostro y la sensación de libertad fueron indescriptibles. Giré la cabeza y la vi sonriéndome, con los brazos en alto, celebrando mi pequeño pero importante logro. Sabía que algo había cambiado ese día; ya no necesitaba tanto apoyo, porque había aprendido a confiar en mí misma. Ese instante, en el que sentí que podía lograrlo, se convirtió en un recuerdo especial que guardo con cariño.

Hoy, al evocar esa experiencia, me doy cuenta de que fue más que aprender a andar en bicicleta. Fue una lección sobre la confianza, la valentía y el amor incondicional de mi mamá. Me enseñó que, aunque siempre estará para ayudarme, también debo aprender a seguir adelante por mi cuenta. Esa enseñanza de independencia es algo que atesoro, ya que me ha ayudado a enfrentar otros retos en mi vida. Ese día en el parque fue solo el inicio de muchas más aventuras y aprendizajes que viviría gracias al apoyo y las lecciones que mi mamá me ha brindado a lo largo de los años.
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Mi Primer Paseo Sobre RuedasBy Cïïndy Päolä Rïvërä Lugö