El diseño urbano participativo surge en los años 60 como respuesta a modelos de planeación excluyentes, impulsado por movimientos sociales y por pensadoras como Jane Jacobs, autora de Muerte y vida de las grandes ciudades.
Este enfoque promueve que la comunidad participe activamente en la toma de decisiones sobre su ciudad. En México, leyes como la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado respaldan la participación ciudadana. Su objetivo es crear espacios más inclusivos, funcionales y sostenibles mediante la colaboración entre autoridades y sociedad.