¿Estás usando el “Dios tardó” como excusa para amargarte? ¿Has empezado a tomar atajos? ¿Relaciones que sabes que no son para ti? ¿Negocios que aparentan ser bendición pero son puro deseo carnal? ¿O peor: estás a punto de apagar el fuego que Él encendió en tu corazón, solo porque no ha llegado como tú querías?