El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador sino una estructura de poder específica que integra a la nueva monarquía. Durante la Transición nunca se llegó a producir un corte histórico en relación con el régimen dictatorial de Francisco Franco. Durante ese periodo no se produjo ningún tipo de depuración del aparato político y administrativo de la dictadura. Muy al contrario, fueron los políticos comprometidos históricamente con el Estado franquista los que se encargaron de dirigir "el cambio", de amañarlo en consonancia con los intereses de las clases dominantes y de diseñar el nuevo Estado para su perpetuación en el tiempo. Los policías, jueces y militares de la época de la dictadura continuaron en sus puestos y ascendiendo en el escalafón en la recién estrenada "democracia".