La oración eficaz, ferviente, es la oración que prevalece y sirve de mucho. Las sonrisas, los halagos o el enojo del mundo, el espíritu de error, o la obra del amor propio, conduce a muchos a un modo de predicar y de vivir que dista mucho de cumplir con el ministerio de ellos, pero los que predican la misma doctrina que Pablo, y siguen su ejemplo, pueden esperar el favor divino y su bendición.