La oración es una necesidad de toda persona para encontrar luz en su camino de salvación. Pero en la forma de dirigir la plegaria, si es arrogante -y así toda la vida-, estaríamos despreciando a Dios y al prójimo si solo adoptando la visión del fariseo para señalar al otro. En su reflexión del Evangelio (Lc 18, 9-14) el padre Johan Pacheco, nos recuerda potencia de la oración humilde de quien reconoce sus limitaciones.