Nehemías 7:69-72 (La Palabra)
Algunos cabezas de familia hicieron ofrendas para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones y quinientas treinta túnicas sacerdotales. Los cabezas de familia aportaron al presupuesto de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil minas de plata. El resto del pueblo donó veinte mil dracmas de oro, dos mil minas de plata y setenta y siete túnicas sacerdotales.
Los sacerdotes, levitas, porteros, cantores, gente del pueblo, donados y todos los demás israelitas se establecieron en sus ciudades. Al llegar el séptimo mes, residían ya los israelitas en sus respectivas ciudades”.
PENSAR: Como gobernador, Nehemías dio el ejemplo de generosidad al ofrendar para sostener el sacerdocio. Además, todo el pueblo ofrendó demostrando su compromiso con el ministerio. Ofrendas monetarias y de vestimentas –recursos para sostener la obra. ¿Por qué la comunidad demuestra compromiso? ¿Cuál es la razón para ofrendar, incluso haciendo grandes sacrificios personales? Lo hace porque cree que el ministerio vale la pena. El ministerio es algo en lo que sí hay que invertir para ayudar.
La comunidad ofrenda como respuesta a la gracia de Dios. Antes no éramos pueblo, pero ahora somos pueblo de Dios. Participamos en la maravillosa historia de la gracia de Dios. Antes no conocíamos a Dios. Por medio del ministerio de la iglesia, de la comunidad de fe cristiana, que da testimonio del evangelio, nos llegó la buena noticia del amor de Dios, que nos invita a formar parte de su familia, para vivir la vida de un modo nuevo, una nueva vida. Por eso, ofrendamos como testimonio de que somos pueblo de Dios. Ahora que conocemos al Señor sabemos que no debemos malgastar en vanidades, sino consagrar nuestros recursos para la obra de Dios. Que sigan sonando las canciones de Dios. Que siga habiendo transmisiones en las que se predica el evangelio.
Este es un tiempo desafiante y no va a terminarse pronto. Por eso nos sostenemos en la esperanza. El exilio duró setenta años. El pueblo tuvo paciencia y esperó en el Señor, por su identidad segura de pertenecer a Dios. La esperanza la demostramos con nuestro compromiso. Vamos juntos en esta prueba de resistencia y paciencia. Lo que nos hace ser pueblo no es nuestra reunión presencial, ni nuestro edificio, sino la conexión espiritual y la bendición que Dios quiere dar al mundo por medio de la iglesia, como un pueblo entre los pueblos.
Estamos dispersos en el mundo para ser bendición. Primero a quienes viven con nosotros bajo el mismo techo. Luego, a nuestros vecinos y otros contactos a quienes debemos contagiar la esperanza, edificar, dar paciencia, fortaleza, tolerancia, amabilidad, comprensión y paz.
ORAR: Gracias, Dios, por lo que haces por el mundo. Nos comprometemos con esta obra. Amén.
IR: Nuestra manera de vivir debe testificar del gran amor de Dios por su mundo.