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Hoy hablamos de resistencia frente a un sistema económico que muchas veces parece diseñado para que nadie pueda imaginar una salida.
A partir de las ideas de Mark Fisher y Naomi Klein, estas fuentes analizan cómo el poder corporativo y financiero no solo explota recursos y personas, sino que también coloniza la imaginación colectiva. Fisher lo llamó realismo capitalista: la sensación de que no hay alternativa posible. Klein, por su parte, explicó cómo la doctrina del choque aprovecha crisis, desastres y momentos de miedo para imponer políticas que benefician a grandes empresas, bancos y fondos de inversión.
El episodio también pone el foco en los fondos buitre, actores financieros que compran deuda de países vulnerables para exigir beneficios desproporcionados, incluso a costa del sufrimiento social. Frente a esta lógica, se plantea una respuesta basada en la resistencia civil no violenta: boicots, huelgas financieras, consumo consciente y movilización ciudadana.
La idea central es clara: la apatía no es casual, es funcional al sistema. Por eso, romperla exige algo más que indignación. Hace falta organización, relato, comunidad y una nueva imaginación política capaz de recuperar una economía al servicio de las personas, no del capital.
Porque quizá el primer acto revolucionario no sea quemarlo todo, sino dejar de obedecer en silencio.
By Sam MikelHoy hablamos de resistencia frente a un sistema económico que muchas veces parece diseñado para que nadie pueda imaginar una salida.
A partir de las ideas de Mark Fisher y Naomi Klein, estas fuentes analizan cómo el poder corporativo y financiero no solo explota recursos y personas, sino que también coloniza la imaginación colectiva. Fisher lo llamó realismo capitalista: la sensación de que no hay alternativa posible. Klein, por su parte, explicó cómo la doctrina del choque aprovecha crisis, desastres y momentos de miedo para imponer políticas que benefician a grandes empresas, bancos y fondos de inversión.
El episodio también pone el foco en los fondos buitre, actores financieros que compran deuda de países vulnerables para exigir beneficios desproporcionados, incluso a costa del sufrimiento social. Frente a esta lógica, se plantea una respuesta basada en la resistencia civil no violenta: boicots, huelgas financieras, consumo consciente y movilización ciudadana.
La idea central es clara: la apatía no es casual, es funcional al sistema. Por eso, romperla exige algo más que indignación. Hace falta organización, relato, comunidad y una nueva imaginación política capaz de recuperar una economía al servicio de las personas, no del capital.
Porque quizá el primer acto revolucionario no sea quemarlo todo, sino dejar de obedecer en silencio.