La Escalera al Cielo.
- ¡Es interminable! -se quejó uno.
- ¡Es imposible que lo logremos! -añadió otro.
- ¿Cuantos pisos faltan? -preguntaron ambos al unisono.
- ¡Vamos que falta poco! -los motivó el más optimista-. ¡Ya puedo escuchar las trompetas!
Pero, cuando al fin llegaron al último piso de aquel rascacielos, la fiesta se había acabado y el anfitrión, al ver arribar a sus tres amigos por las escaleras, todos sudados y agotados, se destornilló de la risa porque se habían creído el cuento de que el ascensor estaba dañado.
Sir Helder Amos.