El dirigente político es una marca en sí misma, su nombre, su trayectoria, sus logros y fracasos, sus percepciones públicas lo diferencian, y hacen a la singularidad; son las características de una marca que es en definitiva una convención social en disputa.
Para encarar el desafio de las percepciones, o del control del relato existen las estrategias de comunicación política en su faz de acción pública pero también en la faz de la preparación personal del dirigente. Es decir hay una tarea que se hacen en las nubes digitales, en los servidores, en la autopistas con carteleria, en los medios de comunicación tradicionales pero hay otra cara de la estrategia que el mismo cuerpo del político y el trabajo sobre sus aptitudes personales.