Si queremos ser honrados, la solidaridad exige un compromiso a un doble nivel. Primero no dar de lo que nos sobra, sino compartir hasta lo necesario para vivir; esta es la tradición de los Padres de la Iglesia que recuerda constantemente Juan Pablo II. Ya que lo superfluo es de justicia que se ´restituya´ a sus legítimos dueños que son los empobrecidos a quienes se ha robado, y sólo dando de lo necesario se hace solidaridad. Y segundo, un compromiso político (asociado e institucional), por lo que se habla de ella como caridad política o solidaridad política, como también afirma Juan Pablo II.