La cooperación en casa no es solo repartir tareas; es cultivar valores como la responsabilidad, la empatía y el compromiso. Compartir las labores ayuda a que nadie lleve sobre los hombros una carga desproporcionada, y enseña a los más jóvenes a valorar el esfuerzo de todos, especialmente el de quien cuida. Y cuando la madre está enferma, esa complicidad se vuelve imprescindible para proteger su descanso y acelerar la recuperación, sin dejar de cuidar a quienes quedan al margen
Por: Isel Quintana Freyre