Cástor y Pólux eran hijos de Leda y, por tanto, hermanos de Helena y Clitemnestra. Símbolos del amor fraternal, fueron en la Antigüedad los gemelos por antonomasia. El gusto del parabólico fatum por lo miserable hizo que uno de ellos disfrutara de condición divina, mientras otro se hallaba sujeto al destino de los mortales.
Como los gemelos fueran considerados excelentes jinetes y aguerridos boxeadores, en el imaginario se encontraban muy vinculados a determinadas actividades deportivas, por lo que se han prestado al patronazgo de varios certámenes de atletismo. Su representación iconográfica los sitúa usualmente junto a dos lustrosos corceles de color blanco o, también, montados sobre éstos. El blanco es un color privilegiado en toda su historia, partiendo por el pulcro color del ave que los hiciera hermanos.