El verano siempre ha sido un tiempo de libertad y de espacios abiertos, el momento de desprenderse del peso de la rutina y disfrutar, siquiera por unos días, de una existencia distinta. «Con el sol y el gran estallido de hojas brotando en los árboles», escribe Scott Fitzgerald en El Gran Gatsby, «igual que crecen las cosas a cámara rápida en las películas, volví a tener aquella convicción familiar de que la vida comenzaba de nuevo con el verano».
Es una época que se identifica con las infinitas posibilidades de la juventud, cuando el tiempo es la única certeza… Hasta que años después uno se pregunta dónde han quedado esos instantes, grabados en la memoria pero tan lejanos.