Al iniciarse el siglo XVI el ambiente religioso en Europa se crispa. Surgen voces que denuncian los abusos de la Iglesia y que claman por un retorno a un cristianismo más puro y sincero. Aunque estas quejas ya se habían oído antes, es en este momento cuando tomarán más fuerza, de la mano de Erasmo primero, y de Lutero y otros después. El papa Paulo III nombrará, en 1536, una comisión que habría de encargarse de analizar los motivos de la crisis protestante e intentar encontrarle una solución. Un año después (1537) se realizó una serie de propuestas de carácter disciplinar y moral con las que se pretendía atajar el problema de la escisión. Entre ellas las hubo referidas a la música religiosa. Estamos en los albores de Trento, donde algunos radicales, pedirán la vuelta al canto llano; el canto puro de la voz alabando a Dios sin la utilización de los instrumentos musicales.