Las cronologías históricas sitúan en el siglo XV el fin de la Edad Media y el inicio del Renacimiento. Desde el punto de vista de las artes plásticas y literarias, el Renacimiento suele considerarse un fenómeno italiano, gestado en las cortes de los mecenas del Quattrocento y exportado al resto de Europa a lo largo del siglo XVI.
Sin embargo, el eje en el que se sitúan los cambios estilísticos que asociamos a este periodo histórico se sitúa en la próspera Flandes -uno de los bastiones del gótico tardío–, la escuela polifónica más avanzada e influyente del siglo, en el que se produjo un fructífero cruce entre la tradición continental del Ars nova y las suaves sonoridades de la polifonía inglesa.