Muy conocidas son las etapas del siglo XVII de la pintura, la escultura, la arquitectura, pero, no en muchas ocasiones, el período barroco musical ha sido justamente tratado. Quizá sea porque, aunque discurre en paralelo al resto de las artes, la música ha recorrido otros caminos, otra evolución diferente. A la música fue el último arte al que se le aplicó el término de origen portugués “barroco”. Este vocablo designaba a una perla irregular, y la evolución de su significado derivó en el siglo XVIII en una forma de designación despectiva que definía así a lo ampuloso y recargado del arte antiguo y, por ende, a la música como confusa en lo armónico, disonante, de dificultad melódica, desigual, no natural, el barroco como una forma degenerada del Renacimiento.
La Música Barroca se sirve de técnicas nuevas buscando efectos de dramatización; la música barroca es el lenguaje de una época agitada y dramática, y ese dramatismo se consigue musicalmente a través del contraste.