Escribió una carta de suicidio para Urías, se la dio en la mano al mismo tipo, y lo mandó al frente de batalla. “Pónganlo donde caigan más flechas.” ¡FUEGO! Eso es lo que pasa cuando escondes tu pecado: empiezas justificando una mirada, luego una mentira “pequeña”, luego destruyes a quien te confronta con su honestidad.