Desde muy niΓ±os π¦π» nos instruyeron a pensar que el conocimiento se encontraba en las aulas, en las escuelas π« , en los salones de clases π. Muchas veces fuimos despectivos, sin saberlo, hacia formas de conocimiento que son genuinas π΄π» y que nadie, o muy pocas personas perciben como tal π€. Y es que se trata de formas burdas dirΓan algunos, pero de hecho todos nos insertamos en esas otras formas de conocer el mundo πΊ .
Se trata de formas complejas de conocer y de interactuar con el mundo que estΓ‘n atravesadas por la praxis π₯no es solo cerebro π§ .