Jesus, se mantenia en silencio. Miraba, sin ver; mejor di- cho, todo lo estaba contemplando desde dentro; La ciudad, la historia, la humanidad. Y no pudo más rompio a llorar, primero como un sollozo; después con un fuerte llanto. Los discípulos se asustaron mu- cho mirandose unos a otros en silencio, sin atreverse a hacer ningun comentario, y menos a formular preguntas al Maes- tro. Realmente, la reacción de Jesús frente al esplendido pa- norama que estaban contemplando, parecía incomprensible. Una tras otra, las olas se estrellaban contra los acantila- dos. Nuevamente, la inutilidad y la gratuidad, tomadas de la mano, habian erigido su trono sobre las cenizas del amor. El Pobre de Nazareth - Consumación. p. 271