Salmos 131 (La Palabra) Señor, mi corazón no es arrogante ni son altivos mis ojos; no persigo dignidades ni cosas que me superan. Estoy en calma, estoy tranquilo, como un niño en el regazo de su madre, como un niño, así estoy yo. Confía en el Señor, Israel, desde ahora y para siempre. PENSAR: En la serie de salmos de ascenso, para acompañar el viaje a Jerusalén, llegamos a uno muy especial. Es una declaración de satisfacción profunda, y de contentamiento. El objetivo del viaje era llegar a la ciudad capital, Jerusalén, donde estaba el poder, donde estaba el centro de la vida nacional. Ahí se encontraba la corte real, y tal vez muchos anhelaban entrar en esas redes del poder. El salmo 131 sirve para tranquilizar las ambiciones del peregrino, que va a Jerusalén desde su rinconcito de la tierra santa, desde su pueblito provincial; es la reflexión del corazón que se pregunta: “¿por qué yo no vivo ahí en Jerusalén? ¿Por qué no estoy en esta maraña de los juegos de poder de la corte real?” Ahí están los más influyentes, los que aman la autoridad, el liderazgo y el poder. El salmo 131 es una declaración de contentamiento y paz. Es una satisfacción profunda, porque la mayor aspiración que se expresa es una parecida a estar en el regazo maternal. Dios rebosa nuestra copa de su bendición, y ofrece a nuestro corazón todo lo que una madre humana puede ofrecer, y mucho más. Esta satisfacción y este contentamiento se erigen como una denuncia hacia la vida arrebatada por afanes y ambiciones políticas. Quienes están ahí en el centro de poder, buscan tener más y más poder. Parece que nunca se satisfacen. A pesar del lenguaje que utilizan para justificar su búsqueda de los puestos públicos, todo está motivado por la ambición. Este salmo es muy apropiado para tenerlo presente en la semana de la celebración del día del niño. “Estoy como un niño en el regazo de su madre”. Así nos sentimos delante del Señor, como niños y niñas que reciben su salud y su seguridad del abrazo de nuestro Padre celestial. Debemos hacernos como niños para poder conocer el reino de Dios, y participar en él. A pesar de no tener muy altas sus aspiraciones, el salmista sabe que está en plena seguridad. No le falta nada, porque en el corazón tiene el abrazo de su madre. La verdadera seguridad no proviene de llegar a ser el primer ministro, sino de tener cerca la bendición de Dios. Por eso, Israel debe poner su confianza en el Señor, y no en esos líderes humanos, motivados por sus deseos de poder. Pueblo de Dios, ¡confía en el Señor! Votar por un candidato no significa confiar en esa persona para que resuelva toda la vida y todo mejore en nuestro pueblo. Un voto no es una entrega total de la confianza y el corazón. Los líderes son arrogantes, sus ojos son altivos. Persiguen dignidades y cosas demasiado sublimes para un humano. Por eso no debemos sustituir nuestra firme confianza en Dios por una confianza endeble en los líderes humanos. ORAR: Señor, tranquiliza nuestra alma para confiar exclusiva y plenamente en ti. Amén. IR: En el abrazo de Dios no nos falta nada.