La fidelidad de Dios no tiene fecha de caducidad β³β¨. EstΓ‘ en nuestra juventud πΆ, en nuestra vejez π΄, en la enfermedad π₯, en la soledad π, en el miedo π¨ y hasta en la muerte ποΈ. π Γl nunca nos abandona, incluso cuando todos lo hacen ππ₯.