Reconozco que en situaciones como las que vivimos, el asistencialismo es una vía a la que es difícil renunciar. También a Cáritas le resulta complicado abandonar esta forma de enfrentar la realidad de las personas que pasan auténtica necesidad.
Pero no podemos convertir la pobreza en un espectáculo. Cuando esto sucede se olvidan las raíces del problema y la implicación personal, eje de toda transformación, pasa a convertirse en una participación material ocasional, que no modifi- ca nuestras conductas ni la realidad de quienes viven en ex-clusión.
Entiendo que es necesario potenciar los espacios comunitarios y las redes de apoyo que sustentan a las personas y familias. Este camino permite avanzar hacia una sociedad realmente justa y solidaria. Desde la Comunidad surgen iniciativas de sensibilización y denuncia, de compromisos y acciones concretas.
No estoy de acuerdo con programas o proyectos comunitarios que busquen la participación solidaria momentánea o la exhibición de la pobreza como espectáculo.
Sí creo en proyectos que denuncien y trabajen la transformación, el cambio social y por supuesto la solidaridad desde la implicación personal de cada persona, de las organizaciones y a través de la suma de ellas, de la sociedad.