Cuando Cristo pronunció esta bienaventuranza, la limpieza de corazón no era un concepto nuevo. El salmista ya lo había establecido como requisito para poder entrar en la presencia de Dios y conocer su bendición: Salmo 24:3–6/ Salmo 73:1
A. ¿Qué, pues, es la limpieza de corazón? Algunos comentaristas la identifican, sencillamente, con la sinceridad y las buenas intenciones.
Génesis 20:5–6
1 Timoteo 1:12–13
Timoteo 1:5
B. El corazón limpio se manifiesta en la búsqueda de la justicia, la fe, el amor y la paz, y en una fiel práctica de la piedad: los que invocan al Señor con un corazón puro. 2 Timoteo 2:22.
1 Pedro 1:22
Jer.17:9
Mateo 15:19
Éxodo 33:20
C. Jesucristo proclama esta bienaventuranza —como también otras partes del Sermón del Monte (por ejemplo, la sección sobre la justicia: Mateo 5:17–20) — con el fin específico de hundirnos en la desesperación y así estimularnos a la búsqueda de aquella justicia que proviene de Dios.
Salmo 51:10
Santiago 2:23
2 Crónicas 20:7
Isaías 41:8
Éxodo 24:10
Isaías 6:5
D. ¿Cómo puede ser esto? La frase limpia de corazón nunca será pronunciada
Sobre nosotros en tanto que no se pueda pronunciar esta otra: limpiados de corazón.
Ezequiel 11:19–20
Ezequiel 36:25–27
Jeremías 31:33
Efesios 3:17
Tito 3:5
Hebreos 9:14
Mateo 6:1–6; 23:5–7
Salmo 139:23–24
Conclusión
Debemos pedir al Señor que forme en nosotros un corazón sencillo y leal, no dividido. Dios debe ser nuestro único Señor (Mt.6:24).
Nuestra palabra debe ser fiel (Mt.5:37), porque brota de un corazón limpio. Nuestras ambiciones deben ser determinadas por el deseo de glorificar a Dios.
Nuestros pensamientos deben ser puros (Mt.6:27–28).