¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de Dios sin maquillaje espiritual? ¿Cuándo le dijiste: “Señor, arruiné mi relación, fallé en mi ministerio, tengo miedo de fracasar otra vez”? David nos enseña algo revolucionario: La humildad no es debilidad. Es el único camino para que Dios reconstruya lo que tú destruiste. “Dios no restaura a los que nunca caen. Restaura a los que lloran de rodillas.”