Acariciando lo áspero dialogó con una tradición del rock nacional más primal, y por ese entonces algo marginada por el mainstream de la época: Manal, Pescado rabioso y Billy Bond también fueron piezas que inspiraron la ingeniería de la aplanadora del rock. Entre su salida, a fines de 1991 y su presentación en Obras en 1992, Acariciando lo áspero terminó de definir el estilo de Divididos: un disco potente, atractivo, singular y que resiste el paso del tiempo. Y que fue el umbral de la consagración que llegaría poco menos de dos años después, en 1993, con La era de la boludez.