Solemos juzgar el estado de las cosas o de las personas por la apariencia externa que muestran. Una mala aplicación del dicho de que “una imagen vale más que mil palabras” nos sirve para creer saber el estado interno de algo inanimado o de lo que tiene vida, como son las personas. Sin embargo, por la experiencia de la vida sabemos que esto no es así, porque el estado interno no siempre es reflejado por el externo.
En la parábola del crecimiento de la semilla, aprendemos que el crecimiento y desarrollo de esta en los corazones es una labor continua de Dios, en silencio y oculta a nuestro conocimiento, y cuya culminación será la recogida del fruto.
Por eso, y con el fin de no ser estorbo a esa semilla en su proceso de crecimiento y desarrollo en las personas, debemos ayudar y colaborar con el Señor mediante nuestras actitudes, palabras y hechos, creyendo que el Espíritu Santo está dándoles vida, y no juzgar según la imagen externa que muestran.