El caso de Esther López de la Rosa es uno de esos crímenes recientes en España donde las piezas parecen encajar, pero nunca del todo. La madrugada en la que desaparece, nada indicaba que algo iba a torcerse. No quería salir, no buscaba problemas, no tenía conflictos. Sin embargo, unas horas después de ver un partido de fútbol su rastro se pierde tras subir al coche de un conocido. Semanas más tarde, su cuerpo aparece en una cuneta a escasos kilómetros de casa. La escena plantea más preguntas que respuestas: restos que no encajan, escenario incompatible con un simple atropello y un entorno que sugiere manipulación posterior. Nos lo cuenta Virginia González.