Durante siglos, el envenenamiento ha sido considerado un crimen silencioso, casi siempre asociado al ámbito doméstico y, en el imaginario colectivo, a mujeres. Sin embargo, la historia criminal demuestra otra realidad: los hombres también envenenan, y cuando lo hacen, a menudo recurren a la química, la planificación y la confianza de su entorno. Nos lo cuenta Virginia González