En México, la demanda de atención en salud mental para niñas, niños y adolescentes se ha disparado desde la pandemia, pero los hospitales psiquiátricos enfrentan recortes presupuestales, falta de medicamentos y personal insuficiente. Mientras los casos de depresión, ansiedad, autolesiones y violencia aumentan, el sistema público se queda corto para atender a los más vulnerables.