Según la Ley, durante muchos años y cada año: el Sumo Sacerdote entraba al Lugar Santísimo, para ofrecer sacrificios y derramamiento de sangre de animales; en memoria de los pecados del pueblo. Pero Cristo iba a ser la única y perfecta ofrenda: Él se ofreció una vez y para siempre, en sacrificio por los pecados de la humanidad. Sólo la sangre de Cristo, tiene poder para Salvación.