Antes, el Sacerdote rogaba a Dios; por los pecados del pueblo. Y sin derramamiento de sangre de animales, no había remisión de pecados. Pero ahora, por la sangre de Jesucristo; los creyentes tienen libertad, para entrar al Lugar Santísimo, por un camino nuevo y vivo: que es el sacrificio de nuestro Salvador. Y Cristo es el Sumo Sacerdote; que intercede por nosotros, ante el Padre.