Desde pequeña lo conocí. El despertar era diferente con su voz. Esperaba atenta y sonreía cuando pronunciaba mi nombre en la tropa de Elpidio Valdés. Años después pude entrar a su casa grande, la radio, y entre cables, bombillos rojos, guiones y micrófonos, decidí seguir sus pasos.
Hoy tengo la dicha se dentarme junto a él, cual alumna que espera ansiosa la clase de un maestro.