Por Pablo Callejón
M. A. se apartó cuando su hermano U.S. y su novio, Gabriel Cruceño, comenzaron a maniatar a la anciana. Según relató ante la Justicia, ni siquiera pudo ver cuando la golpeaban. Doña Elba Heve Robledo había dejado de gritar. U.S. le había confiado que sería dinero fácil. Solo había que abordar a una viejita que apenas podía moverse y vivía con un toco de dólares, pesos y joyas. Lo sabía “la Rosana”, que trabajaba allí y se encontró v… Ver más