La Ley de Dios es perfecta: slo la muerte puede disolver el matrimonio. El anciano debe ser exhortado, como a padre. A los jvenes, como hermanos: aconsejarlos, sin humillarlos. Los hermanos mayores en la carne y en la fe, deben dar ejemplo a los hermanos menores. A las ancianas, tratarlas como a madres. A las jovencitas, como a hermanas; con toda pureza: sin intentos carnales.