Ni un día de gracia le han concedido a Donald Trump. Tan solo unas horas después de su toma posesión Washington DC se volvió a llenar de gente, esta vez en diversas manifestaciones que, en algunos casos, concluyeron en disturbios violentos. Esto no se había visto nunca antes por lo que podríamos hablar sin miedo a equivocarnos de que estamos ante un caso de histeria colectiva y, además, injustificada. Es la tarjeta de bienvenida de una izquierda norteamericana que, a pesar de los casi tres meses transcurridos desde las elecciones, aun no ha asumido su derrota.