Del mismo modo que en su época Franz Liszt transcribió para el piano obras de sus contemporáneos en incluso trabajos de compositores anteriores a él, después de la II Guerra Mundial se rescató de las ruinas de la Alemania nazi y de los países absorbidos por estos un ingente número de partituras. Para evitar que se perdieran en una posible futura conflagración fueron confiadas al microfilm.
Ademas y principalmente en los Estados Unidos de norte-américa se transcribieron obras del rico caudal centroeuropeo para conjuntos instrumentales propios de la época y el lugar e incluso se interpretaban fragmentos de obras clásicas antes del visionado de películas en las salas de cine.