En el tren de cada mañana, desde el asiento de atrás solo emergía el cabello rubio y espontáneo. El apreció que pintaba sus uñas y con soplido leves, las secaba. Cuerpo escondido en el asiento con manos que hablaban.
En el tren de cada mañana, desde el asiento de atrás solo emergía el cabello rubio y espontáneo. El apreció que pintaba sus uñas y con soplido leves, las secaba. Cuerpo escondido en el asiento con manos que hablaban.