No te falta capacidad, te falta consistencia. Empiezas con energía y te diluyes con excusas. Te prometes cambiar, pero negocias contigo mismo en cuanto aparece la incomodidad. Y así, día tras día, refuerzas una identidad que no sostiene resultados. Si quieres algo distinto, necesitas algo más fuerte que la motivación: una obsesión por la disciplina.