En 1968 la revuelta está en su apogeo con los sucesos de Europa y del resto del mundo. En ese momento, nace una forma de activismo caracterizado por las formas políticas imprevisibles. Sin embargo, en el 69, se plantea, tras la derrota del 68, dos posibilidades: o integrarse en las formas políticas ortodoxas (partidos, sindicatos) a los que se habían opuesto, o dar un paso más y optar por la clandestinidad. En ese momento, se produce un paso adelante en el activismo y muchos grupos políticos pasan a la clandestinidad.
Entre 1967 y 1972 se produce un activismo de guerrilla anarquista urbana con un código ético muy marcado: no se atenta contra personas. Así sucede por ejemplo con el Grupo Primero de Mayo, que dispara simbólicamente a la Embajada de EEUU en París o con los Weather Man y sus Angry Days, con influencia de los Panteras Negras, o las acciones de la Angry Brigade.
Sin embargo, desde 1973 el activismo se decanta por sus formas más drásticas y surgen lo que para el 68 serían considerados “monstruos”: los atentados del IRA y la RAF.
Servando Rocha