En su poemario "El don de la tristeza", Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) imagina un recorrido por el País de la Tristeza a través de los tres colores —azul Patinir, blanco Friedrich y verde Hopper— que ondean en su enseña, no por ajada menos hermosa. La belleza anida en lo triste, que exhala el perfume de la fugacidad presente en todo lo que amamos y nos resistimos a que se pierda para siempre. Brezmes, como el orfebre que intenta rescatar aquella gema del pozo a donde un día alguien la arrojó, ha escrito un libro oscuro y celebratorio al mismo tiempo. En él nos regala un mundo rico en matices, con la ironía y la ternura suficientes para que haya muchos lectores que se reconozcan en sus páginas, reivindicando la melancolía como una forma de estar en el mundo y de cantarlo. El poema "De vita brevis" forma parte de este libro.