La Palabra de Dios es clara: casadas deben estar sujetas a sus maridos, conforme los mandamientos del Seor. El esposo tiene que amar a su familia y proveer para su mantenimiento. Dios quiere la paz, en cada matrimonio. Los hijos deben obedecer y honrar, a su padre y a su madre. El padre y la madre deben ser justos con sus hijos; corrigindolos a tiempo; pero con amor y sabidura.