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Antes del Concilio Vaticano II, la Biblia ocupaba un lugar muy importante en la Iglesia,
pero no siempre estaba al alcance de todos.
Muchas personas no la leían directamente.
La escuchaban fragmentada.
La conocían más por explicaciones que por contacto directo.
El Vaticano II se dio cuenta de algo fundamental:
no puede haber fe viva sin una relación viva con la Palabra de Dios.
Por eso nace la Constitución Dei Verbum,
que no trata solo de libros,
sino de la forma en que Dios se comunica con la humanidad.
¿qué lugar tiene realmente la Palabra de Dios en mi vida cotidiana?
Dei Verbum dice algo muy profundo y muy simple a la vez:
Dios no se revela como una idea,
sino como alguien que habla y se da a conocer.
La Revelación no es un paquete de datos.
Es un diálogo.
Por eso la Iglesia habla de:
• la Escritura,
• la Tradición viva,
• y el Magisterio,
no como cosas separadas,
sino como un mismo movimiento del Espíritu.
La Biblia no es un manual mágico.
Es la historia de un Dios que entra en la historia humana,
con personas reales, conflictos reales y preguntas reales.
cuando escucho la Palabra, ¿la dejo interpelar mi vida… o solo la oigo pasar?
Para las comunidades juveniles, esto es clave.
No basta con escuchar la Palabra en la misa.
Hay que rumiarla, compartirla, confrontarla con la vida.
Por eso el Vaticano II impulsa:
• grupos bíblicos,
• lectio divina,
• espacios de reflexión comunitaria.
La Palabra:
• ilumina decisiones,
• consuela en la crisis,
• cuestiona cuando hace falta.
¿tengo un espacio real donde la Palabra de Dios dialogue con mi vida y mi historia?
Tal vez hoy la invitación es sencilla:
La próxima vez que escuches la Biblia,
no te preguntes primero “¿entiendo todo?”,
sino: ¿qué me está diciendo Dios hoy, aquí y ahora?
Porque el Vaticano II nos recuerda algo esencial:
Dios no dejó de hablar.
Lo que a veces falta… es aprender a escuchar.
By Cristian Ahumada OsorioAntes del Concilio Vaticano II, la Biblia ocupaba un lugar muy importante en la Iglesia,
pero no siempre estaba al alcance de todos.
Muchas personas no la leían directamente.
La escuchaban fragmentada.
La conocían más por explicaciones que por contacto directo.
El Vaticano II se dio cuenta de algo fundamental:
no puede haber fe viva sin una relación viva con la Palabra de Dios.
Por eso nace la Constitución Dei Verbum,
que no trata solo de libros,
sino de la forma en que Dios se comunica con la humanidad.
¿qué lugar tiene realmente la Palabra de Dios en mi vida cotidiana?
Dei Verbum dice algo muy profundo y muy simple a la vez:
Dios no se revela como una idea,
sino como alguien que habla y se da a conocer.
La Revelación no es un paquete de datos.
Es un diálogo.
Por eso la Iglesia habla de:
• la Escritura,
• la Tradición viva,
• y el Magisterio,
no como cosas separadas,
sino como un mismo movimiento del Espíritu.
La Biblia no es un manual mágico.
Es la historia de un Dios que entra en la historia humana,
con personas reales, conflictos reales y preguntas reales.
cuando escucho la Palabra, ¿la dejo interpelar mi vida… o solo la oigo pasar?
Para las comunidades juveniles, esto es clave.
No basta con escuchar la Palabra en la misa.
Hay que rumiarla, compartirla, confrontarla con la vida.
Por eso el Vaticano II impulsa:
• grupos bíblicos,
• lectio divina,
• espacios de reflexión comunitaria.
La Palabra:
• ilumina decisiones,
• consuela en la crisis,
• cuestiona cuando hace falta.
¿tengo un espacio real donde la Palabra de Dios dialogue con mi vida y mi historia?
Tal vez hoy la invitación es sencilla:
La próxima vez que escuches la Biblia,
no te preguntes primero “¿entiendo todo?”,
sino: ¿qué me está diciendo Dios hoy, aquí y ahora?
Porque el Vaticano II nos recuerda algo esencial:
Dios no dejó de hablar.
Lo que a veces falta… es aprender a escuchar.