El Padre Rolando Echeverría, SDB, nos comenta que una de las grandes tentaciones para el ser humano es la idolatría, es decir, hacerse un dios a su medida; que se acomode a nuestros gustos, a nuestros intereses. Podemos ver en la primera lectura, como el pueblo de Israel cae en la tentación; Moisés sube al monte y el pueblo, en su desesperación, construyen un ídolo, un becerro de oro. Cuando Moisés reclama a Aarón sobre las acciones del pueblo, este culpa al pueblo.
Esta es una acción muy humana, echarle la culpa al otro; al ser humano le cuesta aceptar la responsabilidad de sus actos. A nosotros nos puede suceder este tipo de cosas; podemos crear muchos ídolos en nuestra vida: el dinero, el placer desordenado, nuestro orgullo. Y queremos hacer que Dios actúe en nuestro provecho.