Cuando nos sentimos con derecho a criticar, desperdiciamos demasiado tiempo en condenar a otros y justificar nuestras bobadas. Ni siquiera sabemos que hacer con nuestra propia vida. Justificamos nuestras faltas y nos pertrechamos detrás de profesiones o “estatus” inventados pretendiendo encubrir nuestra desgracia, vergüenza y frustraciones.