Bienvenidos a un nuevo podcast. Hay personas que creen que el Aikidō se aprende para defenderse.
Es una idea comprensible. Después de todo, en el tatami practicamos ataques, desequilibrios, proyecciones y controles. Desde fuera parece evidente: alguien ataca, otro responde, y la técnica resuelve el conflicto.
Pero con los años uno descubre algo distinto.
El Dōjō no es solo un lugar donde aprender técnicas. Es, en realidad, un pequeño laboratorio de la vida. Allí se repiten, una y otra vez, muchas de las situaciones interiores que encontramos fuera: la frustración, la impaciencia, el orgullo, el miedo a equivocarnos, la necesidad de controlar, el cansancio, la perseverancia.
Cada entrenamiento, aunque dure apenas una hora, contiene una pequeña lección sobre cómo vivimos.
Y muchas veces no nos damos cuenta de ello hasta que han pasado años de práctica.
Porque el Aikidō enseña despacio.
Casi en silencio.
Gracias por la escucha, un fuerte abrazo.
Félix