Ante el cansancio, la fatiga o el desánimo debemos recordar que tenemos un Dios al que podemos acudir, aquel que no se fatiga ni se cansa, en quien siempre podemos encontrar descanso y nuevas fuerzas.
Ante el cansancio, la fatiga o el desánimo debemos recordar que tenemos un Dios al que podemos acudir, aquel que no se fatiga ni se cansa, en quien siempre podemos encontrar descanso y nuevas fuerzas.