Muchos trabajadores de descontaminación han abandonado sus puestos pero nadie dice nada. ¿Qué ocultan?
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ARCANHELL
Llamadme Arcanhell.
Arcanhell.
Emitiendo desde El búnker.
Cuando encontré este lugar supe que iba a ser mi refugio. Un búnker donde sentirme seguro, donde reunir fuerzas y argumentos.
Las grabaciones que alguien deja en mi puerta son el reflejo perfecto. A veces su voz es tan mía. Tocar fondo, caer, no encontrarse, estar en un agujero a merced de las fieras…
CHICO DESCONOCIDO
Tío, que ya no sé si te llega esto… Yo que sé… Que voy a esperar a que amanezca porque no tengo ni idea de dónde estoy. Ni siquiera sé qué está pasando ahí fuera. Pero, bueno, que estoy bien… estoy… bien.
ARCANHELL
Él estuvo allí. En la Central. Vivió la otra cara de la historia oficial que arrasó con todo. Fue un testigo… inesperado.
CHICO DESCONOCIDO
Pero, bueno, que estoy bien… estoy… bien.
ARCANHELL
Yo también lo repito, estoy bien, estoy bien, estoy bien, estoy bien, estoy bien, estoy bien. Lo hago para conciliar el sueño…
Esperar el amanecer es la única posibilidad. Como si esa luz pudiera traernos algo nuevo, o al menos un respiro, aire limpio. Quizá ráfagas de amnesia, justas, las necesarias para el descanso…
No me hagáis caso, «olvidar» es el último de mis deseos, sólo es que… me puede el cansancio.
Esa misma debilidad la veo cada mañana en vosotros. Tan frágiles, tan abstraídos.
¿Serán los efectos de la radiación que ya se atreven a dar la cara?
El insomnio, las ojeras, la palidez.
Los movimientos torpes, la desorientación.
Después los vómitos, la diarrea… ¿la sangre?
¿O nos hemos convertido en visiones y todo esto es una pesadilla? Puede que una fábula. Un cuento en el que yo soy un loco en busca de la verdad imposible... quizá sea eso…
Demasiada imaginación.
Desde la infancia, mis hermanos, tan interesados en verme temblar de miedo con las historias de los trasgos y brujas que habitan esta tierra, me llenaron la cabeza de relatos. La mayor parte de las noches me costaba diferenciar la realidad de mi habitación y el universo de los seres mitológicos que vendrían en cualquier momento a visitarme. Me preguntaba si era un pájaro o un duende lo que caminaba sobre el tejado. Si era una lechuza o una Curuxa la que me observaba desde las ramas.
Por si acaso siempre me protegía bajo la manta y esperaba el amanecer.
A golpe de linterna.
En mi refugio de telas, descifrando las sombras… En mi búnker.
Vivía bajo el terror de la llegada de la Güestía. Una procesión de espectros que deambulan por los senderos nocturnos anunciando la muerte «Andad de día que la noche es mía» dicen a su paso. Una legión de almas en pena hablando de oscuridad y portando su vela. Nunca llegué a verlos pero... ¿Acaso no somos nosotros ese ejército de espíritus? ¿Qué nos diferencia?
Nos prepararon para luchar contra ogros, culebres y chupasangres, pero no nos advirtieron del Monstruo de Nogales. ¿Quién podría fantasear con un engendro así?
La mitología de este valle añade una nueva criatura a sus leyendas. Ojalá en el futuro sólo la recordemos en canciones. Que los nietos de nuestros nietos hablen de la radiactividad como nosotros de los demonios vencidos.
¿Cuánto tiempo tendrá que pasar?
¿Quién protagonizará esas hazañas?
Los nietos de nuestros nietos… Si ya no nacen bebés aquí...
Tenemos miedo.
Nuestra penitencia.
Mientras nos mantenemos quietos los farsantes hacen de las suyas y esconden su indecencia bajo informaciones falsas. ¿Cuántos de vosotros trabajáis en la tareas de descontaminación? ¿Cuántos estáis de baja? ¿Cuántos conocéis a algún compañero...